Argentina va a contramano del auge mundial de los vinos blancos

El revelador informe que publicó hace un par de semanas la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), echa luz sobre las tendencias mundiales de consumo de vino de acuerdo al color (tinto, rosado y blanco).

La OIV difundió un informe sobre la evolución de la producción y el consumo de vino de acuerdo al color.

Por Fernando Garello – Desde 2013, hace ya más de una década, la producción de vino blanco a nivel mundial superó a la de vino tinto, configurando una tendencia que se ha mantenido estable en los últimos diez años, aunque en nuestro país, se registra un proceso exactamente contrario. Así lo revela un estudio que analiza las estadísticas del consumo mundial de vinos desglosado por su color en un período de más de dos décadas (2000-2021) y que deja en claro que tanto la producción como el consumo de vinos blancos y rosados crecieron en todo el mundo, ganándole terreno a los tintos.

Según el estudio, la oferta y la demanda mundiales de vino tinto han descendido considerablemente en los últimos veinte años. En 2021, la producción disminuyó un 25 % respecto del máximo alcanzado en 2004. El descenso es también notable en valores relativos; a principios de siglo, el vino tinto representaba el 48 % de la producción total de vino, mientras que en los últimos años esta proporción ha descendido hasta el 43 %.

Por el contrario, durante el mismo periodo de tiempo, la oferta y la demanda mundiales de vino blanco han aumentado desde el 2000. La producción de vino blanco, que en 2021 aumentó un 13 % respecto al mínimo alcanzado en 2002, es superior a la producción de vino tinto desde el 2013. A principios de siglo, el vino blanco representaba de media el 46 % del total mundial, mientras que en los últimos años esta proporción ha aumentado hasta el 49 %. Uno de los principales motores de este repunte es el auge de los espumosos.

En cuanto a los vinos rosados, las estadísticas de la OIV revelan que en los últimos veinte años, la oferta y la demanda mundiales de vino rosado han aumentado considerablemente. La producción mundial aumentó un 25 % entre el 2001 y el 2021. A principios de siglo, el vino rosado representaba entre el 6 % y el 7 % de la producción mundial, mientras que en los últimos años esta proporción ha superado el 8 % de media.

A contramano del mundo

La producción y consumo de vino nacional se encuentra enfrentada a la tendencia mundial que documenta y describe la OIV, configurando un problema del que aún no se ha tomado debida cuenta. Argentina podría perderse grandes oportunidades comerciales, dado que no aprovecha el potencial que tiene para producir vinos blancos de calidad.

Si bien esta situación se ha moderado y durante la última década, el mercado argentino de vinos blancos tranquilos se incrementó nada menos que el 26,6 %, según el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), apoyándose en la estadísticas de la OIV, en nuestro país se produjo un cambio estructural en la matriz de producción vitivinícola en sentido exactamente contrario al que se registró a nivel internacional. “A principios de los años 2000 el vino blanco representaba más del 60% del total elaborado y el vino tinto alrededor del 35%, en 2021 se invierten las proporciones para pasar a elaborar 31% de vino blanco y 66% de tinto. El vino rosado, por el contrario, muestra una trayectoria de crecimiento mucho más estable, oscilando entre el 2 y el 4% de la producción total a lo largo de todo el período”, señala el organismo.

Posibles razones

En ningún país del Viejo Continente existe un fanatismo por el vino tinto como el que hoy se registra en Argentina, con una relación 66% contra 31%, señala el informe del Observatorio Vitivinícola Argentino, un hecho que merece ser analizado en profundidad y que además podría limitar la competitividad del sector a la hora de exportar.

Desde hace años trato de entender este fenómeno, encontrarle una explicación tanto a nivel comercial como a nivel enológico y hasta emocional.

En primer lugar, creo que el viraje que se produjo durante la década del 2000 coincide con el auge del Malbec, un hecho que provocó que muchos consumidores se volcaran al consumo de vinos tintos. En esa misma época también comenzó a expandirse el área cultivada con Malbec.

En segundo lugar, pienso que el éxito del Malbec fue de tal magnitud que modeló a una generación de comercializadores y comunicadores que previsiblemente “fueron a los seguro” y se concentraron en lo que estaba demandando la gente, ignorando a los consumidores más equilibrados que gustan del Malbec pero también de otros cepajes tintos y, por supuesto, de vinos blancos y rosados.

En tercer lugar opino que el proceso de empobrecimiento de la sociedad que se registra de manera ininterrumpida desde 2007 hasta la actualidad, simplificó las expectativas de consumo de los argentinos, muchos de los cuales están acostumbrados a comprar lo básico, una conducta que en el rubro gastronómico implica elegir un vino que pueda acompañar las comidas más populares que en la mayor parte de nuestra geografía nacional incluyen cortes vacunos, un tipo de carne que la creencia asocia exclusivamente con los vinos tintos.

Hoy es muy común encontrar vinotecas donde abundan Malbec hasta de una misma región y un mismo estilo, en detrimento del resto de los varietales, algo que se entiende por la demanda existente, aunque provoca distorsiones como las que describe el informe de la OIV.

Considero que hay mucho por hacer en materia de comunicación del vino nacional, entre ellas, ofrecer nuevas experiencias a consumidores que vayan incluso más allá de los cepajes tintos alternativos, como se alentó con buen criterio a mediados de la década pasada, e incluyan también etiquetas de vinos blancos y rosados.

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