Cabernet Franc, el vino de culto preferido por una bulliciosa minoría

El próximo lunes, recordando el fallecimiento del Cardenal Richelieu, se conmemora el Día Internacional del Cabernet Franc, una cepa de culto que poco a poco va ganando adeptos en nuestro país.

El Cardenal Philippe de Richelieu, primer ministro monárquico de Francia, introdujo la cepa en la región de Burdeos.

Por Fernando Garello – “Yo no tomo Malbec, yo tomo Cabernet Franc”, me dijo recientemente un joven en una de mis catas. Más allá de la evidente inmadurez y esnobismo (dejando de lados los gustos, negar el fenómeno Malbec en Argentina es como repudiar a una figura como la del mismísimo Maradona), el Cabernet Franc, cuyo día internacional se conmemora el próximo lunes, se está convirtiendo en un vino de culto en nuestro país, con etiquetas que vale la pena probar.

No obstante, pese al crecimiento experimentado en los últimos años, aún se trata de un fenómeno minoritario, de magnitud incluso menor que el Pinot Noir o el Torrontés, aunque goza de buena prensa y difusión, gracias al empeño de entusiastas comunicadores, tanto profesionales como amateurs.

Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la superficie cultivada con Cabernet Franc representa apenas el 0,7 % del total en nuestro país, esto es, unas 1.569 hectáreas. Una magnitud infinitamente menor a la del Malbec (46.565 hectáreas), aunque también muy por debajo de cepajes extraordinarios pero de rol secundario como Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah e incluso de blancas como Torrontés Riojano, Chardonnay y Pedro Giménez.

Sin embargo, el Cabernet Franc se ha hecho un lugar en el corazón de muchos enófilos argentinos, quizás cansados de la omnipresencia del Malbec y de la falta de otras opciones, no porque no existan, sino por desidia o falta de interés de quienes en mi opinión deberían ofrecérselas.

Hay que tener en cuenta que hay vinotecas cuya oferta está compuesta por 90 por ciento de vinos tintos, de los cuales, la mayoría son Malbec que se repiten de manera monótoma tanto en estilos como en zonas de producción.

Con raíces en la Edad Media

Contribuye al relativo éxito del Cabernet Franc el honor de ser el padre del Cabernet Sauvignon, una de las cepas tintas más prestigiosas del mundo y su origen antiguo que se remonta a la Edad Media. Mucho después, en el siglo XVII, entró a Burdeos (donde forma parte del famoso corte bordelés y donde tiene la mayor superficie cultivada del mundo) proveniente del Valle del Loira, de la mano del cardenal Richelieu, cuya fecha de deceso, el 4 de diciembre, se utiliza para conmemorar el Día del Cabernet Franc.

Menos cuerpo, aunque más aromática

A nivel sensorial, el Cabernet Franc es parecido al Cabernet Sauvignon aunque con algo menos de cuerpo y bastante más aromático. Presenta un intenso color rojo rubí y aromas a frutos rojos y herbáceos. En boca tiene una sorprendente entrada levemente dulce. En nuestro país ya se cultiva en la mayoría de las regiones, con buenos resultados.

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